"Vivir es fácil con los ojos cerrados"

Gran película de David Trueba y gran triunfadora de los Goya 2014. Anoche conseguía 6 galardones: mejor película, mejor director, mejor actor (Javier Cámara), mejor actriz revelación (Natalia de Molina) y mejor banda sonora.
Yo lo veía desde casa, sentada en el sofá, sin perder detalle. Es la primera vez que la gala me mantiene enganchada de principio a fin. Y desde luego, no por la ‘estupenda’ presentación de Manel Fuentes, ni la ‘genial’ realización del espectáculo. Ni siquiera para ver los modelitos de los que pasaron por la alfombra roja.

El motivo fue el ver sentado y disfrutando como un niño, junto a David Trueba, a Juan Carrión. El protagonista de toda esta historia, merecedor de estos premios y de muchísimos más. Sin él, “Vivir es fácil con los ojos cerrados” no hubiera existido.
Un profesor que es excepcional, único, aún lleno de vitalidad a sus 89 años, y que siempre ha demostrado entusiasmo y amor a su profesión. Una mejor persona. Honesto, sensible y humilde.
Y digo todo esto porque hoy, más que nunca, comparto con muchos cartageneros el orgullo y la emoción de haber sido alumna suya. Porque no todo el mundo tiene la suerte de conocerlo.

Hace ya más de 20 años que dejé aquella clase, donde fotografías y letras de canciones de The Beatles colgaban por todos lados. La academia era de las pocas que había por entonces en Cartagena. No tenía nombre, ni cartel fuera del edificio, ni nada de nada. Pero todo el mundo había oído hablar de ella, de “Juan y Serafín”.

Serafín se encargaba de los más pequeños. De hecho yo empecé mis clases con él. Era genial, cada día copiábamos un dibujo que él había preparado en la pizarra, y nos enseñaba muchísimo vocabulario y canciones. Además teníamos concursos y podíamos ganar chicles o pegatinas. La verdad es que lo recuerdo con especial cariño.
Cuando consideraban que estabas preparado te pasaban a Juan. Recuerdo el día que me tocó a mi. Temblaba. Todos sabíamos lo exigente que era con sus alumnos. No se podía bajar el nivel.
Al principio, para que engañarnos, lo pasé fatal. Juan siempre ha sido un huracán. Nos llamaba de usted a todos (a pesar de nuestros 12 o 13 años) pero no se cortaba ni un pelo a la hora de gritarnos e insultarnos. “Es usted un idiota” o… “Es usted un pusilánime!“. ¿Cuántas veces lo habré oido?. También nos tiraba tizas o lo que tuviera cerca. Acojonaba ya escuchar el sonido de su manojo de llaves cuando bajaba de su casa y entraba por el pasillo. Todos le esperábamos en fila india, para enseñarle la copia que debíamos hacer diariamente (y que casi ninguno hacíamos). Para eso nos aprendíamos la frasecita: I must apologize for not doing my homework, debo disculparme por no haber hecho mis deberes. Y entonces, según le pillara el día, te dejaba pasar o te caía una bronca del quince.
Luego entrábamos a clase y nos sentábamos en las típicas sillas de cocina, sin mesa ni nada. Porque nada de eso era necesario para aprender inglés. Sólo el querer aprenderlo.
En fin. A pesar de todo esto, tanto yo, como la mayoría de los ex alumnos lo recordamos como las mejores clases de nuestra vida. Lo adoramos.
¿Por qué? Pues simplemente por ser él. Por sus ganas de vivir, por enseñarnos que nada es imposible. Porque decía y dice las cosas como son, porque no toleraba la estupidez y no nos dejaba perder el tiempo, y porque siempre ha sido pionero en todo.
Tenía una forma muy peculiar de explicar la gramática inglesa. Según él los verbos siempre han sido señoritos, y como señoritos que son tienen criados que se lo hacen todo. Así que para pasar a pasado llamaban al criado Did y claro, ellos ni se inmutaban. Se quedaban igual, en infinitivo. A mi me costó años llamar a Do, Does, o Did auxiliares…  😉
En la academia montó una ‘sala de cine’, y una vez a la semana la clase era allí. Me descubrió la serie ‘Friends‘. Sentada en aquellos sillones rojos empecé a ver la primera temporada en VO de una serie que por aquel entonces ni había llegado a España.
En Navidad nos obligaba a cantar a todos villancicos, y tanto pequeños como grandes íbamos al asilo de ancianos de las Hermanitas de los pobres con regalos para los viejecillos y a hacerles pasar un rato entretenido cantándoles lo que habíamos aprendido en clase.
También hizo que adorara a The Beatles. Nos transmitió a todos su amor por la música. El musical de Los Miserables nos lo sabemos todos de ‘pé a pá’, canción por canción. Y por supuesto toda la discografía de los cuatro de Liverpool.
Siempre nos contaba la historia de cómo fue él quien consiguió que incluyeran las letras de sus canciones en los discos, porque fue a entrevistarse con John Lennon, cuando estaba rodando una película en Almería.
Esta historia me mereció un sobresaliente en uno de mis primeros trabajos de la carrera. En la asignatura de Comunicación Escrita, en primero de Periodismo, cuando dimos la entrevista, mi personaje elegido fue Juan Carrión. Este logro tenía que saberlo más gente. No podía quedar sólo entre sus alumnos. Aún guardo la cinta de casette en alguna de las cajas que hay por casa de mis padres.
Ahora la historia ya es inmortal. Ha llegado al MUNDO.Y yo estoy infinitamente contenta. De verdad.
Gracias a David Trueba por reparar en su historia y por haber hecho una película merecedora de tantos galardones.

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