Reflexiones de martes…

El fin de otra etapa se acerca. Hace ya casi un año que decidí hacer maletas una vez más y venirme a Almería a estudiar un Máster en Profesorado.
Como sabéis quienes me seguís, el llevar dos años en paro y buscando trabajo sin resultado, me animó a seguir formándome, y en este caso a volver a la universidad. Podía haber elegido la opción de estudiar a distancia, pero pensé…ya que me pongo…¡vamos a hacer la gracia completa!.

Así que aquí estoy, después de todo un curso asistiendo a clase, esperando ya que salgan las actas con mis notas finales (creo que lo he hecho bastante bien), recién terminadas las prácticas en el instituto y empezando con el Trabajo Fin de Máster. Estresada a tope, pero contenta.
Nunca me había planteado dedicarme a la educación hasta que estuve en Brighton. Fue allí cuando, al tener que ganarme la vida, y empezar a dar clases particulares, se me despertó el gusanillo. Hasta entonces no había hecho caso quienes me decían “haz el CAP, que nunca se sabe…”. En fin, al final me he tenido que gastar más dinero para conseguir la misma formación. ¡Ay!…¿cuándo aprenderé?. En fin. Y es que ahora, después de casi dos meses dando clases a alumnos de 1º y 3º de ESO en el instituto de Retamar, puedo decir que me gusta ser profe. O “maestra” como ellos me llaman.
Debo confesar que antes de empezar las clases sentía un poco de miedo. No sabía cómo sería lo de ponerse delante de 28 pares de ojos, atentos a mí… Sí, bueno, cuando trabajaba de periodista me miraban muchos más ojos, vale. Pero…no de la misma forma. Creo que la educación de adolescentes es una responsabilidad muy grande. Diría que a la altura (o más) de la responsabilidad que tiene un periodista a la hora de informar objetivamente de lo que ocurre en el mundo.
El caso es que a la hora de la verdad, cuando me planté allí el primer día, ya sin mi tutora, y sola ante mi público… me sentí muy a gusto. Disfruté como una niña. Fue como volver atrás en el tiempo, recordar mis clases en el insti y pensar…”¿cómo mirabas tú a tus profesores?” y sobre todo ¿qué esperabas de ellos?, ¿qué querías que te enseñasen?”. Y eso hice. O al menos eso creo…
Los niños (adolescentes o no) no son tontos. Saben muy bien cómo eres y lo que sabes desde el momento en el que te ven entrar por la puerta. Me parece que ser natural con ellos me fue bien.
Desde marzo y hasta esta semana, he estado acompañando a mi tutora, Susana, en las clases que ella imparte, como os he dicho en los cursos de 1º y de 3º de ESO, y además he tenido la oportunidad de trabajar yo sola con ambos grupos.
Con los peques (que son de todo menos buenos) he trabajado los cuentos tradicionales. Les dí la opción de reinventarlos y grabamos unos audio cuentos de lo más divertido que podéis escuchar si os apetece en el blog del instituto.
Mientras, con los de 3º de ESO he visto la unidad didáctica del Teatro Barroco y he tenido que evaluarlos. Estoy bastante contenta con los resultados, la verdad.
El caso es que, después de esto y ya trabajando en el TFM toca plantearse…¿y ahora qué?. Otra vez el futuro está en el aire. Otra vez no se qué será de mi en un mes.Otra vez pensar dónde poner el huevo.
Ya he empezado mi bombardeo de currículos. De nuevo. Tanto los enfocados a periodismo como enfocados a la educación. Espero que de esta llegue mi oportunidad.
Mirad que yo soy de improvisar ¿eh?. Pero tanta incertidumbre, a veces, mata…

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