Vizcaya improvisada (II): San Juan de Gaztelugatxe

Cogimos el coche y seguimos las indicaciones que nos habían dado en la oficina de Turismo. Desde Bermeo, una carretera súper estrecha, la que une este pueblecito con Baquio, nos llevó hasta San Juan de Gaztelugatxe.
Andamos un poco y enseguida lo vimos. A lo lejos un islote unido a tierra por un puente con dos arcos. Sobre él una ermita dedicada a San Juan que data del siglo X, aunque ha sufrido varias reconstrucciones debido a batallas e incendios. El lugar es espectacular.
San Juan de Gaztelugatxe

El acceso hasta allí tiene su dificultad. Primero hay que bajar una pendiente por un camino que a ratos está adoquinado, a ratos cimentado y otros es simplemente de tierra. A pesar de todo está bastante bien cuidado, y por él pasaba desde gente con calzado de trekking a señoras con sandalias o jóvenes que venían directo de la playa con sus chanclas de dedo.  Desde el parking del restaurante Eneperi el desnivel es de unos 200 metros.
Mientras bajábamos cómodamente subía la gente de retorno desde la ermita con la lengua fuera, bufidos y maldiciones. Os aseguro que cuando yo vi eso pensé: “¡imposible!, mi asma no me lo va a permitir…” Pero decidí intentarlo – ventolín en el bolso por si acaso- y a mi ritmo, sin prisa pero sin pausa. A mitad de camino hay un mirador desde el que se pueden hacer unas fotos estupendas. Como normalmente hay gente visitando este sitio seguro que alguien os la puede hacer, pero si sois un poco más modernos podéis hacerla con vuestro palo de selfish/selfie.
Tras la bajada hay que cruzar un puente de piedra y entonces… respirar profundo y coger fuerzas para subir los 241 escalones que te llevan hasta la ermita. Amigos asmáticos, si yo lo conseguí vosotros también podéis.
Subiendo los últimos escalones
La tradición dice que debes subir hasta allí, tocar tres veces la campana y entonces pedir un deseo. Después del esfuerzo que uno hace para llegar arriba que menos que San Juan lo conceda.
Toca tres veces la campana y pide un deseo
No vimos la puesta del sol porque estaba nublado. Pero el poder disfrutar de la paz y de las vistas del mar desde allí, sin duda mereció la pena. ¡Me pasé el resto del viaje con agujetas, eso sí!
Después de deshacer el camino y antes de coger carretera rumbo a casa, parada obligatoria en el Galerna, detrás del restaurante Eneperi pero dentro del mismo recinto. Había que reponer fuerzas. Buen sitio para tomar algo fresco y unas raciones a un precio asequible. La gente dice que las rabas y los pollos asados están deliciosos. Nosotros optamos por unas sencillas croquetas y patatas, remojadas con unos refrescos, que nos supieron a gloria bendita.
Reponiendo fuerzas
…continuará…

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