Fin de año en Oporto

Quería que la entrada de 2016 fuera distinta. Nada de lo habitual: cenar en familia, tomar las uvas y salir de fiesta por los bares de siempre (pero a reventar de gente). Un plan alternativo, no demasiado caro y que me permitiera conocer otro punto de la geografía mundial de los tantos que aún me quedan por visitar. Después de mucho buscar, mirar vuelos baratos a cualquier lugar y valorar, el destino elegido fue Oporto, en Portugal. 
 

Como no podía ser de otra forma, mi compañero de viaje, mi ibicenco. Aunque esta vez, también nos acompañaban Marcos y Raquel, unos amigos madrileños.
Llegamos a Oporto el mismo 31 de diciembre de buena mañana. Antes de dejar el aeropuerto, en la oficina de turismo, nos compramos la tarjeta Andante Tour 72 horas, o sea, para tres días (el tiempo que íbamos a estar en la ciudad). Es un abono de transporte que sirve tanto para moverte en metro como bus todas las veces que quieras y por las zonas que te apetezca. Cuesta 15 euros y la verdad que se amortiza bastante. Si compráis los billetes por día sale más caro.
Una vez hecho esto… ¡Rumbo a la ciudad!. Tardamos unos 30 minutos en metro…
¡Ya estamos en Oporto!
Primera parada: la estación de trenes de Sao Bento. Su hall está decorado con más de 20.000 azulejos en los que se cuenta la historia de Portugal. Es una de las muchas joyas de Oporto. ¡Nos encantó!
Hall estación de Sao Bento

Esta estación, que tiene también parada de metro, está en el centro. Desde aquí nos acercamos a contemplar la impresionante torre de la Iglesia dos Clérigos. Es de estilo barroco y la más alta de Portugal. Mide 76 metros y tiene más de 200 escalones que dan acceso a unas vistas privilegiadas. Puedes subir por sólo 3 euros, aunque nosotros no lo hicimos. Estábamos demasiado cansados del viaje para ese esfuerzo mañanero.  Pero las vistas desde la azotea de la casa de nuestros amigos tampoco dejaban que desear.

Polaroid en la azotea

El paseo nos llevó a ir descubriendo poco a poco los rincones que esconde la ciudad y que hacen que te vayas enamorando de ella. La famosa iglesia de San Ildefonso o la capilla de Las Almas, ambas con los característicos azulejos blancos y azules, la rúa de Santa Catarina, donde puedes encontrar tiendas y más tiendas (muchas de ellas, por cierto, de zapatos). Allí también está el Café Majestic, una elegante cafetería de los años 20 donde, si tienes paciencia para aguantar la cola, puedes desayunar disfrutando de su ambiente histórico.

iglesia de San Ildefonso y capilla de Las Almas
payaseando por Oporto
cola en el Café Majestic

También es un buen plan acercarse a pasear por el Mercado de Bolhao. Nosotros fuimos con la idea de comprar los productos frescos para la cena de Nochevieja. Hay de todo y el trato muy cercano. Merece mucho la pena, de verdad. Pasear tranquilamente entre sus puestos y dejarse envolver por su ambiente nostálgico.

Ya desde la entrada nos encantó disfrutar de la melodía de Amelie, tocada por un músico callejero al que acompañaba su hija pequeña, que leía un Tintín a su lado. Dentro, montones de vendedores con sus frutas y verduras en puestos viejos pero con encanto. Fue como retroceder en el tiempo.

Mercado de Bolhao
De paseo por el mercado

Llegada la hora de comer. Fuimos al que nos habían recomendado como el mejor sitio para tomar una francesinha, el Café SantiagoPero, cuando llegamos a la puerta y vimos que para llenar nuestros hambrientos estómagos tendríamos que esperar mínimo una hora… nos buscamos la vida.
Al final, en cualquier lado puedes probar este plato típico de la zona. Encontramos un pequeño bar-restaurante frente a la iglesia de San Ildefonso (no recuerdo su nombre) y ahí nos quedamos. Francesinha y bebida por 7’50 euros. Salimos redondos.

Francesinha

Por cierto, la francesinha es esa”guarrada” tan rica que veis en la foto. Es una especie de sándwich relleno de diversos embutidos y carne (filetes, salchichas, chorizo, mortadela) y recubierto con lonchas de queso gratinado. Por encima lleva una salsa picante a base de tomate. La tradición dice que hay que acompañarla de unas patatas fritas y de una buena jarra de cerveza. Así que eso hicimos.

Después, no nos quedó otra que dormir la siesta. Pero poquito. Había que aprovechar la tarde antes de ponernos a preparar la cena de fin de año.

Y tras el descanso llegamos a otro de los puntos importantes de la ciudad: la Plaza de la Libertad.  Allí se encuentra el ayuntamiento y en las fechas en que nosotros estuvimos también un árbol gigante de Navidad.
Se puede decir que es la plaza que separa el Oporto antiguo y el moderno. Desde aquí sale la Avenida de los Aliados, una calle llena de edificios modernistas de principio del siglo XX. Como curiosidad, no dejéis de visitar el McDonals, que mantiene la decoración de la época. Es uno de los más bonitos del mundo (o eso nos dijeron).

Plaza de la Libertad

En esta plaza, en la que a las 7 de la tarde estábamos prácticamente solos, era donde teníamos pensado pasar la Nochevieja. Y es que, aquí el 31 de diciembre se organizan conciertos desde las 10 de la noche, y hasta bien entrada la madrugada la fiesta se vive en la calle.

La cena de fin de año la hicimos en casa. Entrantes españoles y un buen asado de cordero con sus patatas en guarnición currado por el máster chef ibicenco. A las 11 en Oporto, 12 de la noche en nuestro país, nos tomamos las uvas. Con Ramonchu a través de Internet, of course. ;P

cena de Nochevieja

Una vez que celebramos la entrada de 2016, nos pusimos chapa y pintura y a la calle, a celebrar… la entrada de 2016. Si. ¡Otra vez! Pero ahora siguiendo las tradiciones portuguesas.

Con la Torre dos Clérigos al fondo a las 12 en punto de la noche empezaban los fuegos artificiales. ¡Casi casi no llegamos! Unos 15 minutos de luz y color en el cielo. En ese momento, nos tomamos de un puñado doce pasas y brindamos con champán todos juntos para dar la bienvenida al nuevo año.

¡Feliz 2016!

La noche dio mucho de sí. Oporto se transforma en una ciudad completamente distinta a la que ves durante el día. Gente y más gente en la calle y muy buen ambiente. Eso sí, a la plaza de la Libertad ni entramos. No cabía un alfiler.

Raquel y yo haciendo amigos
Plaza de la Libertad en Nochevieja

Sin duda fue una entrada de año perfecta. Y sólo llevábamos un día en Oporto.
Aún nos quedaba mucho por hacer.

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