Bajo el sol de la Toscana (V) : Pisa

Pisa es otra de las joyas de la Toscana. Una ciudad pequeña, que se puede ver en un día, pero a la que se podrían dedicar años y no acabar de conocerla.

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Piazza dei Miracoli

Nos alojamos en un Bed & Breakfast muy cercano al aeropuerto. Tanto que se podía llegar andando. El Cette Notti, recomendable 100% si sólo vais a pasar una o dos noches en la ciudad. Una casita con unas pocas habitaciones que ofrece un desayuno bastante abundante y cuya propietaria es un encanto. Nada más llegar nos dio un mapa de la zona y nos dijo cómo movernos por allí, andando o en bus.

Nosotros decidimos acercarnos al centro dando un paseo. A unos 20 minutos  ya empiezas a disfrutar de la belleza de esta ciudad. Y es que, a pesar de que es conocida principalmente por la Torre Inclinada, esconde algunos rinconcitos que no hay que perderse.

Es una ciudad universitaria medieval, tiene muchas zonas peatonales, y además, sólo hay aglomeración de turistas en la piazza dei Miracoli, por lo que si os alejáis de esa zona, tendréis toda  Pisa para vosotros.

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callejeando Pisa

Una de nuestras primeras paradas fue el río Arno. Es bonito ver las casitas de colores que hay a un lado y al otro. Además, justo en la orilla nos encontramos con la Chiesa de Santa María della Spina, una iglesia de estilo gótico construida con  mármol blanco y que tiene una fachada preciosa.

Seguimos andando y por casualidad (a veces es mejor dejar el mapa en la mochila) llegamos a la Piazza dei Cavalleri, conocida porque en ella está el antiguo Palazzo della Carovana, donde ahora está la Scuola Normale Superiore di Pisa. Nos sentamos allí a contemplar las esculturas que rodean el edificio y que representan a los caballeros de los Medici de Florencia. También, como no, aprovechamos para tomar un helado. 😉

Nuestro paseo nos llevó hasta la piazza dei Miracoli. Impresionante. Realmente es un milagro tanta belleza junta en un mismo espacio. Una amplia zona de césped sembrada con cuatro blanquísimas obras de arte monumental: la Torre Inclinada, el Camposanto, el Baptisterio y el Duomo (Catedral).

Cualquiera de estos edificios se puede visitar. Hay una entrada combinada que cuesta 10’50 euros y que sirve para la Catedral, el Baptisterio y el Campo Santo. Pero subir a la torre inclinada son 15 euros y normalmente hay bastante gente.

Dicen que es algo agobiante. Hay que subir una escalera muy estrecha que tiene 298 escalones hasta el campanario, pero al parecer las vistas desde arriba merecen la pena. Nosotros no subimos, el gentío, el calor y el cansancio nos hizo optar por simplemente tumbarnos en el césped a relajarnos.

Lo que sí hicimos fue, como los miles de turistas que pasan por allí, hacernos la típica foto sujetando la torre. Es divertido ver a cientos de personas posando casi de la misma manera, manos estiradas, cara de esfuerzo…y también observar a quien hace la foto intentando encuadrar para que parezca que aguantan la torre (que no es fácil). Desde luego, echamos unas risas.

De vuelta a nuestro hostal bajamos por la Vía Santa María. Por aquí tenéis cantidad de tiendas de souvenirs, restaurantes y heladerías. Todo bien a mano para que nosotros los guiris nos dejemos el dinero. Y desde luego ya os digo que la pasta estará buena, y los helados todavía mejores (otro cayó de camino), pero si queréis comprar y comer como un verdadero pisano tendréis que cruzar hacia la ribera sur del Arno.

La vía Corso es la calle más comercial de Pisa. Tiendas de ropa, librerías, perfumerías, restaurantes, cafeterías…si queréis algo distinto y realmente auténtico es muy recomendable entrar en alguno de los comercios de artesanía o de cosméticos naturales de productos de la Toscana.

Pero nuestro objetivo era realmente llenar la panza. Como todavía faltaba una hora para la cena paramos en un bar en la Piazza Giovanni Carlo María Clari. Nada destacable que decir de ese tugurio, pero había mucha gente, todos eran italianos. Así que…tenía que ser barato. En casi todas las manos de la clientela había una jarra de cerveza o un Aperol spritz. Este último es el cóctel tradicional en Italia a la hora del aperitivo, que allí es sobre las 7 u 8 de la tarde. Tiene un punto amargo, con un toque a naranja, una de esas bebidas que o te encantan o te repugna.

Con la cabeza achispada y bien entrada el hambre nos dirigimos a la recomendación gastronómica de nuestra anfitriona: La Cereria, en vía Gori, 33. A-cier-to. Si queréis impresionar a alguien o simplemente disfrutar de una buena comida y un lugar con muchísimo encanto, ahí lo tenéis. Un restaurante alojado en lo que era un antiguo teatro. La puerta de entrada conserva la insignia y el letrero encima de la puerta.

Entramos por un caminito lleno de velas de citronela, puestas ahí para evitar que te coman los mosquitos del tamaño de puños de bebé típicos toscanos. Si sois de los que atraéis como imanes a estos insectos (como yo), recomiendo llevar aun así antimosquitos. Una vez solucionado esto, a disfrutar del ambiente y de la comida. Todo riquísimo, a precio razonable (nosotros no tenemos nunca mucho presupuesto) y rodeado de un precioso jardín. Una delicia.

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