Un paseo por Nueva York (II)

Estirábamos los días hasta el infinito. Madrugábamos mucho y nos acostábamos tarde. Había que aprovechar al máximo nuestros apenas 4 días en Nueva York. Ya descansaríamos al llegar a Bahamas (segunda parte de nuestra honeymoon)

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Después de habernos pateado Manhattan de arriba a abajo el día anterior, tocaba salir a conocer el resto de distritos de Nueva York.  Para eso contratamos la excursión de Contrastes. Todo un acierto.

Nos citaron a las 8 de la mañana en un hotel a unos 15 minutos del nuestro, en Broadway. Otra vez madrugón. Pero mereció la pena. El guía, un colombiano que lleva en Nueva York casi 40 años, nos explicó todo muy bien. 

 Recorrimos el Bronx, con parada en el estadio de los Yankees y en una parte del barrio donde hay graffitis muy chulos; después fuimos a  Queens y paseamos por el parque de Flushing Meadows Corona, donde aún se pueden ver restos de las dos ferias mundiales que ha acogido, como el famoso globo terráqueo Unisphere.

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La siguiente parada fue el barrio judío ortodoxo de Williamsburg. La que más llama la atención (al menos a mí). Allí, en pleno Brooklyn dudas si estás o no en Nueva York. Las calles tienen un aspecto distinto, las fachadas son viejas, las ventanas enrejadas y los comercios austeros.

La comunidad viste de una forma inconfundible. Los hombres de negro, con una casaca y normalmente sombrero. Suelen llevar barba y se dejan crecer dos tirabuzones largos a cada lado de las orejas. Ellas visten de forma muy sencilla, con faldas por debajo de la rodilla y siempre con medias. Además, lo que resulta más llamativo es que muchas llevan peluca. Según nos explicó nuestro guía, son las mujeres casadas. Cuando se casan solo pueden enseñar el pelo a sus maridos, así que cuando salen a la calle tienen que llevar  pañuelos o pelucas. ¡Cosas de su cultura!

A parte de eso, hacen unos dulces riquísimos. Aprovechamos la parada para comprarnos el almuerzo en una pequeña confitería. 

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Y después para quemar las calorías…jejeje… nos bajamos del bus en Brooklyn y decidimos cruzar andando el puente de vuelta a Manhattan. Otra cosa que hay que hacer sí o sí cuando visitéis la ciudad. Es un recorrido de apenas media horita y tienes unas vistas geniales del skyline de Manhattan.

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Era día de patear, así que ya de vuelta al corazón de Nueva York y sin darnos cuenta nos adentramos en Chinatown. Supimos que estábamos allí al llegar a un parque donde sólo había chinos jugando a las cartas y una banda de viejetes tocando y cantando (en chino, of course). Muy chino todo. 

IMG_7495Andando andando, de repente los chinos quedaron atrás y todo eran pizzerías y restaurantes italianos. Habíamos llegado a Little Italy. Es alucinante cómo cambia de una calle a otra todo.

Comimos de vuelta al hotel, en un puesto callejero y nos fuimos a descansar un poco. Era Halloween y teníamos planazo para la noche: ¡disfrazarnos e ir a un partido de la NBA! Isaac tenía la esperanza de que llamáramos la atención y nos pinchara la Kisscam (pero no fue así 😦

Un partido de la NBA, como cualquier evento deportivo en USA es todo un espectáculo. Cuando entramos compramos la cena en uno de los tropecientos restaurantes que hay dentro de estadio. 

Al empezar se hacen la foto de capitanes con un capitán honorario. Esta vez fue una niña. Después se canta el himno, todo el estadio en pie… y comienza el partido. Cada tiempo muerto hay espectáculos, concursos, lanzamiento de camisetas. Tuvimos el “privilegio” de ver una pedida de mano en plena cancha.

En cuanto a lo deportivo, el partido entre los Nets y Pistons fue muy igualado. Tengo que admitir que incluso a mi que no soy muy de deportes me hicieron sufrir, gritar, levantarme… ¡El último cuarto fue de infarto! Los Nets dieron el resto, consiguieron empatar y fueron a prórroga. El partido se resolvió en el último segundo con un triple. Pistons 119 -120 Nets. ¡Una pasada!

 Salimos con muy buen sabor de boca. Y eso a pesar de que como el partido se alargó más de la cuenta nos perdimos entero el Halloween parade que yo quería ver.

DÍA 4

El único día que nos levantamos con un poco más de calma. Desayunamos en el París Baguette, una cafetería cercana al hotel que nos había llamado la atención. Los dulces tenían muy buena pinta, pero al final no fue para tanto.

Con el estómago lleno cogimos metro hasta la Zona Cero. Ese era nuestro destino ese día. Vimos el homenaje a las víctimas del 11-S. Impresiona ver los inmensos huecos que ocupaban las torres gemelas y ver todos los nombres de las personas que murieron allí escritos.

Después dedicamos la mañana a hacer compras. Allí mismo está el Century 21, un centro comercial donde puedes encontrar algunas cosas de marca a buen precio. Para nada es como irse al Woodbury Common (mi hermana estuvo allí y dice que es un auténtico pueblo de outlets y con precios baratos de verdad). Nosotros no teníamos un día entero para dedicarle a ir de tiendas, ni tampoco muchas ganas, así que nos conformamos con este. Se nos fue la mañana volada y el dinero también. Salimos de allí con la cabeza como un bombo. 

Llevábamos cuatro días en Nueva York y aún no nos habíamos comido una hamburguesa. Ya tocaba. Era el día de probar una de las mejores burguers de la ciudad (al menos según la info que encontramos por internet).

El sitio al que íbamos a comer se llamaba Joint Burguer. Lo pusimos en Google maps y… cuando llegamos a nuestro destino estábamos frente a un súper hotel de lujo de Manhattan. Tenía que haber un error. Dimos algunas vueltecillas y finalmente decidimos entrar a preguntar. En Nueva York todo es posible… y efectivamente, allí estaba el sitio. A un lado de la recepción, un pasillo estrecho y oscuro entre cortinas granates te llevaba hasta la hamburguesería. ¡Menuda cola había!

Es un antro muy peculiar y a reventar de gente. Las paredes están llenas de pintadas y de pósters de series y pelis. La especialidad es la cheese burguer y esa me pedí yo. La verdad es que está muy buena. Isaac quiso innovar con una doble que no le sentó muy bien. 

Nuestro siguiente objetivo era ver la Estatua de la Libertad con la puesta de sol. Teníamos que llegar hasta Battery Park y coger el ferry gratuito a Staten Island, pero cuando íbamos hacia la boca de metro nos encontramos con uno de esos regalos que te hace Nueva York así por sorpresa. Un local abierto donde un pianista tocaba a Bach. Lo hacía de forma continua. Era una actividad que se iba a llevar a cabo todos los jueves del mes de noviembre. Cualquiera podía entrar y sentarse a escuchar los ensayos. A las 6 de la tarde daba un concierto. No pudimos hacer otra cosa que parar a disfrutar de aquel momento.

 

Después nos tocó correr. Llegamos al ferry con la caída del sol. Lo mejor para ver la Estatua de la Libertad en el camino es subir por el lado derecho a la parte de arriba y salir al exterior. El trayecto es corto (unos 15 minutos). Al llegar a Staten Island, eso sí, tienes que bajar y volver a ponerte en cola para subir. Así que la vimos primero atardeciendo y luego iluminada porque ya estaba oscuro. Creo que fue incluso mejor, porque además pudimos disfrutar del skyline de Manhattan iluminado.

Se acababan nuestras horas en Nueva York. Estábamos agotados, pero muy contentos porque habíamos exprimido el tiempo al máximo. A la mañana siguiente nos recogían a las 9 en el hotel para llevarnos al aeropuerto. Volvimos a madrugar y aprovechamos para dar un último paseo por Central Park

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Ya estamos haciendo la lista de cosas que tenemos que ver y hacer cuando volvamos. Porque Nueva York es una ciudad que nunca se acaba. Repetiremos seguro.

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