Una ‘mursiana’ en Ibiza

Ya hace un año que estoy en Ibiza. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Doce meses en los que me he ido haciendo a la isla, a sus costumbres y a su gente. 365 días que me han hecho sentirme un poquito ibicenca yo también.

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Porque uno es de Ibiza cuando es de ‘Can’ donde sea. Y yo ahora lo soy (sí, mi marido es de esos autóctonos que tienen tierras y ganado. ¡Qué buen ojo, oye!). Aunque me encanta el campo, aquí me siento ‘vilera’. De la capital de la isla, que ahora ya lo es oficialmente.

Llegué sin entender ni papa de eivissenc y este tiempo -además de bastante esfuerzo- han hecho que mi abuela política, payesa de Santa Eulària no tenga que hacer un esfuerzo en hablarme en castellano y que pueda certificar mi conocimiento de la lengua con un B1 casi oficial.

Como buena ‘mursiana’ (cualquiera que no sea de Ibiza aquí es ‘mursiano’) integrada en la isla tengo trabajo más de 6 meses al año. Todo un éxito. También mi grupo de amigos para salir a tomar ‘medianas’ (que no tercios) en bares, con precios populares para lo que es Ibiza, que abren durante todo el año y que, a veces, incluso te ponen una tapa (se me cae la lagrimilla cuando eso ocurre).

Porque un invierno en Ibiza, aún con Amnesia, Privilege y Ushüaia cerradas, te hace disfrutarla de verdad. Porque aquí no solo hay fiesta, ¿sabéis?. Y cuando la hay, los ibicencos no pagamos, nos ponemos en lista o enseñamos nuestro pase Vip.

Este año he podido disfrutar de verdad de las playas paradisíacas. Porque eso solo se hace antes de que llegue la marabunta de turistas. Lo sé. Ya soy tan de aquí, que cuando llegan estas fechas y todo se llena de guiris empiezo a despotricar y a pensar en que pase la temporada y vuelva la tranquilidad. También en poder volver a aparcar a la primera en el centro. Porque eso, en verano es imposible.

En julio y agosto ni se me ocurriría ir a cala Saladeta, ni ses Salines, ni cala Bassa…¡qué pena!, pero mis días libres me escaparé a la Península (que cuando vives aquí da igual si te vas a Albacete, que a Madrid o a Cartagena. Viajas a la Península y punto).

En estos meses en la isla me he olvidado de lo que es beber agua del grifo. Ya no me extraña escuchar eso de ‘ahora vengo’ en lugar de ‘ahora voy’. Me he acostumbrado a aquello de que el precio de un piso no baje de los 1.000 euros y que una habitación se alquile por no menos de 500 al mes. Eso sí, no me resigno. (¡Cómo me acuerdo de mi casita en calle San Vicente! Esa en el centro de Cartagena, con terraza y vistas por la que pagaba 350 euros…¡ay!).

Admito que la isla, con sus pros y sus contras, me ha enamorado. Y es que Ibiza, dicen, ‘o te atrapa o te escupe’.  A mí, de momento me parece ‘súper’.

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