Qué hacer en Atenas en 4 días

Cuenta la leyenda, que en tiempos remotos, cuando Atenas aún era una ciudad sin nombre, hubo una disputa entre Atenea y Poseidón por hacerse con el privilegio de nombrar a esas tierras y convertirse en sus protectores. Cada uno de ellos debía ofrecer un regalo al pueblo, que sería el encargado de elegir el ganador. El que más ofreciera a la Humanidad. Así, Poseidón, dios de los mares y hermano de Zeus, golpeó el suelo con su tridente y de la roca brotó un manantial. El agua es un bien muy preciado, pero cuando la probaron y vieron que era salada y no servía para beber, no les gustó. Llegó el turno de Atenea y esta tocó la tierra con su lanza e hizo que creciera un olivo. Árbol del que se podía aprovechar su alimento, del que se podía hacer aceite y que daba madera. El pueblo no le dio muchas vueltas. Atenea se convirtió en la diosa de la ciudad y le dio su nombre: Atenas.

¡Ay, cómo nos gusta la mitología y cómo disfrutamos este viaje!

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El Partenón y nosotros, Acrópolis de Atenas
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Después de todo el día de viaje (Ibiza-Madrid-Atenas), llegamos a la capital griega en plena huelga de transportes. ¡Una locura! Todo lo que habíamos mirado de cómo llegar del aeropuerto a la ciudad en metro y esas cosas…nada. Nos recogió nuestro casero (dueño del apartamento que habíamos alquilado por Airbnb), muy majo él, y nos acompañó al alojamiento, que no podía estar mejor situado. Vistas a la Acrópolis y a un minuto de la plaza de Monastiraki, en el límite entre el barrio de Plaka y Psiri. Elección perfecta.

Comenzamos nuestra estancia con un brindis con raki (un licor típico) al grito de ‘yamas’ (o ‘salud’, como decimos aquí). No contábamos con ello. Ni sabíamos de su existencia. Pero estos pequeños detalles son los que luego te hacen recordar los viajes como algo especial. Así que primera recomendación: dejarse llevar cuando uno viaja y más si quien te guía es un autóctono.

Ya con cuerpo de ser viajeros y no simples turistas, aquí van nuestras recomendaciones para cuando visitéis la capital griega.

1. Hacer un free tour

Últimamente, cuando viajamos, nos gusta hacer este tipo de actividad. Si puede ser, el primer día. Creemos que es una buena forma de tener un primer contacto con la ciudad y además saber qué es lo que estas viendo. Lo hicimos con Civitatis. Muy recomendable.

Atravesamos los Jardines Nacionales de Atenas, un oasis verde dentro del caos de la ciudad, donde hay más de 500 tipos de plantas y árboles (además de un montón de tortugas); pasamos por la puerta del estadio Panatenaiko, construido entero en mármol y donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1896; vimos el Arco de Adriano, el Templo de Zeus, la imponente Acrópolis (desde abajo) y finalizamos el recorrido a las puertas del Ágora Antigua. Un paseo que nos ayudó a hacernos un esquema de la ciudad y saber qué merecía la pena visitar y qué no.

2. Pasear por el Ágora Antigua

El Ágora Antigua la merece sí o sí. Si vais a Atenas y no tenéis tiempo para mucho os diría que esta es parada obligatoria (junto con la Acrópolis). Fue nuestra primera visita.

  • La entrada cuesta 8 euros y el horario en octubre, que es cuando nosotros fuimos, es hasta las 18:30 horas.

Simplemente pasear por allí y pensar que mucho tiempo atrás, por ese mismo lugar paseaban y debatían filósofos como Platón o Sócrates…, impresiona. Aquí se dialogaba, se votaba, se inició lo que hoy conocemos como democracia. El ágora de Atenas era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas.

Soy una friki, lo sé. Pero ese día, cuando volvimos a nuestro pisito con vistas, miraba por la ventana y pensaba cómo sería Atenas entonces. Sin bloques de pisos. Todo campo y con esos inmensos templos de mármol blanco. ¿Lo imagináis?

3. Museo de la Acrópolis 

Decidimos empezar el día visitando el museo tranquilamente.  Merece mucho la pena. Te explican todo genial y puedes ir haciéndote una idea de lo que verás cuando visites las ruinas. A mi parecer, es imprescindible ir al museo antes de subir a la Acrópolis.

A mí lo que más me llamó la atención son las Cariátides. Un vídeo te muestra cómo las limpiaron. Están perfectamente conservadas y las ves tan de cerca que aprecias cada detalle de los rostros o la caída de los trajes. ¡Una pasada!

  • La entrada, si lo visitáis entre abril y octubre, cuesta 10 euros. El resto del año 5 euros. No es válida para entrar a la Acrópolis.
  • La visita lleva unas dos horas.

4. La Acrópolis de Atenas

Visita, por supuesto, imprescindible.

Depende de la época del año, lo mejor es que vayáis o a primera hora de la mañana o a última de la tarde, para evitar masificaciones y largas colas. No obstante, nosotros a mitad de octubre fuimos a las 10 de la mañana y no tuvimos apenas cola, en diez minutos habíamos entrado.

Comenzamos la visita por el acceso 2, pegado a  la colina de Areópago. Nos dijeron que esa era la entrada originaria en la Atenas antigua y eso nos hizo decidirnos.

Ver el Erectión, el Partenón o el Teatro de Dionisio tan de cerca es impresionante.

  • LLevad agua y calzado cómodo.

5. Cambio de guardia en la Plaza Syntagma

El cambio de guardia que se lleva a cabo cada hora en la Plaza Syntagma, donde está ubicado el Parlamento Griego, también merece dedicarle un ratillo en algún momento del día. Dura apenas 10 minutos y es bastante curioso.

Los evzones (o guardianes de esta institución) llevan una vestimenta de lo más peculiar y unos zuecos de madera que dicen, pesan un kilo y medio cada uno. Además, su marcha es similar a los movimientos de los caballos. Según nos contaron (aunque creo que no es más que un mito), vestían y se movían así porque el rey Otón I de Grecia, cuando se trasladó a la ciudad quería tener caballos, y como le dijeron que no podía porque no había establos, dijo que entonces su ejército serían sus caballos… Sea como fuere, aquí os dejo un pequeño vídeo para que lo veáis.

6. Atardecer en Filoppapos

Acabar el día viendo el atardecer en la colina de Filoppapos. Es uno de los montes que rodea Atenas y aunque no es muy alto, las vistas desde allí son espectaculares: Atenas, la Acrópolis prácticamente a tu altura y el Pireo, con el mar al fondo.

  • Consejo: ¡Llevad el móvil con batería o una linterna! Cuando oscurece no hay demasiada luz para ver por donde pisas a la bajada.
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Atardecer desde Filopappos, Atenas

7. Estadio Panatenaiko o Kalimarmero

Está hecho entero de mármol y aunque se ve bastante bien desde fuera (ya lo vimos en el free tour), nosotros decidimos entrar. Impresiona más.

  • A mi parecer no merece la pena pagar 5 euros por ello. Eso sí, te dan una audioguía gratis.
  • En el estadio también hay una pequeña exposición con los carteles y las antorchas olímpicas de todas las olimpiadas de la historia, entre ellas la de Barcelona.

8. Anafiokita

Un barrio construido a mediados del siglo XIX por los albañiles que el rey Otón contrató para construir su palacio. Como no les daban alojamiento se hicieron casas (ilegalmente) como las que tenían en sus islas. La mayoría venían de las Cícladas, y decidieron hacer en la ladera de la Acrópolis, un pequeño pueblo que les recordara al suyo. La zona tiene mucho encanto, con casitas blancas y azules y callejones estrechos  por los que merece la pena perderse.

¡Nos dio para hacer fotos muy chulas!

9. Barrio de Plaka

Simplemente pasear o tomarse un algo en alguno de sus bares. Nosotros escogimos el Yasimeni. Allí sentados en su escalera y bebiendo té pasamos el resto de la tarde.

10. Cine Paris

Si como a nosotros, te gusta disfrutar de los sitios cuando viajas y no solo hacer visitas turísticas, os recomendamos mucho ir al cine Paris. Es un cine al aire libre, en una azotea. La planta baja la tienen decorada con carteles de películas y máquinas de proyección antiguas. Arriba, la sala de cine tiene como fondo la Acrópolis iluminada. Es un cine muy antiguo y un sitio muy especial.

  • Abre de mayo a octubre y las pelis son en versión original subtituladas en griego. Nosotros vimos la de Joker. Nunca se nos olvidará la experiencia, ni el peliculón.
  • Si queréis podéis cenar allí. Tienen un pequeño bar donde comprar perritos, hamburguesas o comida guarra variada y una cerveza que luego puedes tomar viendo la película, ya que entre las sillas también hay mesas.

11. Pasear por Monastiraki

En los alrededores de la plaza de Monastiraki siempre hay ambiente. Están llenos de restaurantes, comercios y puestecillos de verdura ambulantes. A nuestro parecer, este barrio es uno de mejores de Atenas.  Nos encantó. Además es un sitio perfecto para alojarse.

En plaza hay una pequeña iglesia bizantina y una  mezquita otomana, al parecer, construida en el 1759 usando piedras de la vecina Biblioteca de Adriano.

12. Exarchia

Es el barrio más alternativo de Atenas. Perderse por sus calles es ir descubriendo auténticas obras de arte urbano. Hay graffitis en todos los rincones y además es una propuesta alternativa para el ocio. Tiendas de vinilos, de segunda mano y bares muy chulos.

Aunque no suele aparecer en las guías de viaje, nosotros lo recomendamos.

13. Museo Arqueológico Nacional

Si tenéis tiempo suficiente, el Museo Arqueológico merece una visita. Es el más grande de de Grecia y en él hay restos de los yacimientos de todo el país.

Entre lo más llamativo la máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro que se encontró en la acrópolis de Micenas.

Está en el barrio de Exarchia, así que podéis aprovechar la visita y acabar la tarde subiendo al monte Licabeto.

14. Subir al monte Licabeto

Es el punto más alto de Atenas y desde donde tendréis una panorámica única de la ciudad. Eso sí, el mirador es muy pequeño y suele estar bastante lleno, así que si queréis pillar buen sitio para ver el atardecer, subid con tiempo.

Arriba está la capilla de San Jorge, pequeña pero con encanto y hay un restaurante y un bar donde tomar algo. Los precios del bar no son excesivamente caros.

Hay dos formas de llegar a la cima: andando o en funicular. Si vais con tiempo os recomendamos subir andando. Nosotros llegamos muy pillados y cogimos el funicular pero cuesta 7 euros subir y bajar una distancia minúscula.

15. Mercadillo de pulgas

El fin de semana el paseo de Dionysiou Areopagitou  se llena de puestecillos de artesanos y cosas de segunda mano que merece mucho la pena. Los jueves ya empiezan a instalarse algunos de ellos.

Hay de todo, desde monedas antiguas, sellos, ropa, cuadros, bisutería… Si tenéis pensado comprar algún regalo o llevaros algún recuerdo de la ciudad, aquí lo encontraréis muy barato.

Nosotros que somos de comprar imanes en cada viaje, aquí lo encontramos por 50 céntimos, cuando en las tiendas de la ciudad están a 3 euros.

Otra opción para comprar es el Flea Market, en el barrio de Monastiraki. Pero nosotros nos quedamos con este.

16. Disfrutar de la gastronomía griega

Grecia es un lugar maravilloso para comer rico y barato. Tienen para todos los gustos.

  • Gyros. Son como los kebab que conocemos aquí pero más ricos. Los sirven o bien para llevar, envueltos en pan de pita (con patatas fritas y todo dentro) o al plato, con el pan de pita acompañando. Los probamos en distintos sitios pero nuestro favorito fue en Gyrotroula. Riquísimo y barato. Es un sitio más de gente autóctona que de turistas.

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  • Souvlaki. Al igual que el gyro, se puede elegir si se quiere de cordero o de pollo. Recuerdan a los pinchitos morunos. Se sirven en plato acompañados de cebolla, tzatziki (salsa tradicional de yogurt, pepino y ajo), tomate fresco y pimentón. Para chuparse los dedos. Los probamos en el famoso Thanasis, en el barrio de Monastiraki.
  • Ensalada griega o salata joriátiki. Perfecta para ir abriendo boca.  Hecha de tomate, pepino, pimiento verde, cebolla, aceitunas y queso feta, aliñada con aceite de oliva, sal y orégano.
  • Pescado. Calamares, pulpo, boquerones fritos… Lo que os apetezca. Ir a una taberna junto al mar y lo comeréis fresco y a buen precio. Nosotros nos pusimos las botas cuando visitamos el Pireo, en el Botsoris.

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  • Otros platos tradicionales de la zona son la mousaka o el yemistá (tomates y pimientos asados rellenos de arroz y carne picada). Los podéis probar en casi cualquier taberna. Por cierto, nosotros comimos muy bien en la Taberna Tou Psirri, en el barrio de Psiri. Un sitio tradicional, comida buena y precios razonables. Nosotros tomamos los platos del día y un vino de la casa tinto, súper peleón (como la mayoría de los vinos griegos)
  • De postre, por supuesto, yogurt. No has probado el yogurt griego hasta que no lo pruebas en Grecia. ¡OMG! Cosa rica. Nada que ver con lo que nos venden en España como tal. Lo suelen tomar con miel y nueces, aunque cualquier topping es bueno para endulzarlo un poco.

17. Conocer sus bares

Los hay infinitos, como en toda gran ciudad y muchos con un ambiente muy guay.

Recomendamos tomarse un vino en el Brettos, pasar un rato agradable con una cerveza artesana en el  jardín del Six D.o.g.s o beber algo mientras escucháis música jazz en el peculiar Jazz in Jazz de Exarchia.

El Yasimeni, en el barrio de Plaka tampoco os lo podéis perder. Perfecto para tomar un café griego o un té a media tarde. Y otra recomendación, aunque no es un bar, sino una heladería: Hans & Gretel. Si os gusta el dulce este sitio es vuestro paraíso. Además la decoración es como estar en el cuento. Es para comprar y llevar.

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18.  Escaparse a El Pireo

Generalmente pocas cosas hacemos los turistas en el puerto del Pireo más allá de coger un ferry para ir a alguna de las islas cercanas a Atenas. Sin embargo, aunque no sea lo más vistoso, una visita a esta zona a media hora en metro del centro de la capital griega merece la pena.

El Pireo es una entidad administrativa separada de Atenas. A lo largo de su costa hay varios puertos con diferentes atractivos. En el más cercano están los muelles de salida de los ferrys, sin ningún atractivo. Si vais en domingo os encontraréis un mercado de pulgas en la estación de trolebuses, cerca de la estación de metro, muy parecido al de Monastiraki.

A un paseo está el puerto de Zea, donde atracan los yates de la gente de pasta que visita Atenas.

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El Pireo

Si queréis comer pescado o cualquier otro plato típico griego a buen precio y con vistas al mar tenéis que acercaros al puerto de Mikrolimano. Allí hay un montón de tabernas con terrazas pegadas al mar que sin duda merecen una comida.

 

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