De ruta por el Peloponeso

El Peloponeso es inmenso. Muchas cosas que ver y mucho por hacer. Tanto que es imposible abarcar todo en un solo viaje. Lo mejor es elegir las ciudades que pertenezcan a una misma zona y así aprovechar al máximo el tiempo y la ruta. Nosotros nos centramos en la Argólida y visitamos, entre otros lugares. Corinto, Epidauro, Naufplio, Micenas, Nemea o la isla de Poros.

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La opción más recomendable para viajar por esta zona es alquilar un coche. De esta forma tienes absoluta libertad para parar donde tú quieras y disfrutar de vistas increíbles. Os aseguro que  el Peloponeso tiene infinitas paradas y que os sorprenderá. Nosotros  cogimos coche en Atenas, con Enterprise y todo fue perfecto. Hicimos una ruta de cuatro días, a nuestro rollo. Como punto base elegimos Naufplio.

Día 1

Canal de Corinto, Antigua Corinto, Acrocorinto y Naufplio

La primera parada después de abandonar la capital griega fue el Canal de Corinto. Podéis aparcar justo al lado, en una zona donde hay un bar y varios puestecillos de souvenirs.

Impresiona asomarse desde el puente y mirar hacia abajo. El Canal se construyó entre 1881 y 1893 y une el mar Egeo y el golfo de Corinto.

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Continuamos hacia la Antigua corinto, donde se pueden visitar las ruinas y el museo y después nos dirigimos a Acrocorinto. Por cierto, en octubre estaba abierta hasta las 4 de la tarde.

Es una de las acrópolis griegas más grandes, con una triple línea de fortificaciones y fue una de las fortalezas medievales más importantes de Grecia.

Al entrar (que es gratis) os darán una tarjeta con un número que debéis devolver al salir. De esta forma pueden controlar que todo el que entra, sale. Las vistas desde arriba son una pasada.

Comimos en una pequeña taberna en la Antigua de Corinto, en la plaza principal del pueblo. Su dueña nos saludó amablemente y aunque en un primer momento pasamos de largo, decidimos volver y sentarnos. La taberna se llama Tou Gampros. Comimos un par de gyros con vino de la casa y helado por 20 euros.

Tranquilamente y con el estómago bien lleno, cogimos el coche rumbo a Naufplio, nuestro punto base, donde nos esperaban nuestro caseros de Airbnb para darnos las llaves de la casita que sería nuestro hogar los próximos días. Un apartamento a 5 minutos andando del centro y con unas vistas muy bonitas de la fortaleza de Palamidi.

Pasamos la tarde perdidos callejeando por este pequeño pueblo pesquero y disfrutando de su encanto y de sus casitas de colores, típicas de postal. Una maravilla.

Día 2

Epidauro y Micenas

Después de desayunar unos bollos riquísimos (y gordísimos) rellenos de crema y chocolate, comprados en Narou, una tiendecilla de la zona, cogemos coche y nos vamos hacia Epidauro. La parada es el famoso teatro, del siglo IV a.C.

Aprovechamos que hay muchos grupos organizados, para empaparnos de la explicación de uno de los guías, que se coloca en el centro de la orquestra para hacernos ver a todos la buena acústica del lugar. Estamos sentados en lo más alto de las gradas y podemos escuchar cómo cae una moneda al suelo o el ruido de un papel al arrugarse. Impresionante.

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Empieza a llover y nos subimos al coche rumbo a Micenas con la esperanza de que amaine un poco. No es así, pero continuamos con nuestro plan.

Visitamos el museo y el yacimiento arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Los restos más antiguos hallados en Micenas indican que pudo estar habitada ya en el s. XVII a. C., aunque al parecer, su época de máximo esplendor se dio entre 1350 y 1200 a. C. Según Homero, Micenas era el hogar del mítico héroe Agamenón, jefe de los aqueos en la Guerra de Troya. De hecho, en esta yacimiento se encontró la máscara funeraria que permanece expuesta en el Museo Arqueológico de Atenas.  Es alucinante pasear por allí, y eso que nosotros lo hicimos bajo la tormenta, calándonos hasta los huesos.

¿Cómo conseguirían en aquella época mover esas piedras gigantescas? Se habla de cíclopes, si no fue así, no nos lo explicamos.

Día 3

Fortaleza de Palamidi (Naufplio), Nemea y más Naufplio

La primera parada antes de emprender ruta es en el propio pueblo de Naufplio: la fortaleza de Palamidi. Tanto nuestros caseros, como las informaciones que habíamos leído por internet nos decían que teníamos que subir andando.

Desde la ciudad hay unas escaleras que según dicen tienen casi mil peldaños. ¡Nada más y nada menos! El caso es que decidimos probar suerte…y ¡se puede subir hasta la misma puerta tanto en coche como en bus o taxi!

Construida por los venecianos entre los años 1711 y 1714, está considerada como una obra maestra de la arquitectura militar. Dentro de las murallas se alzan ocho bastiones independientes conectados entre sí y que nosotros recorrimos disfrutando de las vistas a pesar del fresquito que hacía.

El precio de la entrada son 8 euros por persona y la visita podéis hacerla en poco más de una hora.

Desde aquí cogimos coche rumbo a Nemea. La intención, además de visitar su yacimiento arqueológico, era buscar alguna bodega de la zona para catar el vino típico.

El día que visitamos Nemea había un funeral. Las mujeres más mayores vestían enteras de negro. Los más jóvenes iban más informales. El pueblo entero estaba en el bar, bebiendo, comiendo y charlando. En Grecia, como en algunos puntos de España, un funeral todavía es un evento social.

Las bodegas estaban cerradas, pero decidimos acercarnos a una: Peppas Wine. Aparentemente tampoco había nadie.

En este pueblo hay bodegas que tienen su tienda y hacen visitas y catas a precio cerrado. Pero la mayoría parece que no funciona así. Son negocios familiares a los que uno se acerca y le da la impresión de ser un intruso.

Nosotros entramos a Peppas por el jardín de la casa, por allí estaban los juguetes de los niños, en el suelo…Cuando estábamos a punto de abandonar la expedición apareció una señora vestida de negro (venía del funeral y era la madre del encargado, Andreas Peppas). Le dijimos que queríamos probar los vinos de Nemea y todo arreglado.

Andreas Peppas, hijo de Andreas Peppas y nieto de Andreas Peppas, nos metió en el garaje de su casa, donde tenía los bidones gigantes. Nos sacó dos copas y directamente de los contenedores de acero inoxidable nos dio a probar un blanco y un tinto. Le dimos las gracias y le pedimos comprar una botella, que él mismo nos etiquetó. Una experiencia muy guay.

Después visitamos el estadio olímpico de Nemea. Bueno, sus ruinas. Al parecer fue aquí donde se iniciaron los primeros juegos. Es un estadio bastante pequeño, sin gradas y rodeado de naturaleza.

Luego fuimos al yacimiento arqueológico y su museo. Ambos están abiertos hasta las 3 de la tarde en octubre. En verano, como en el resto de lugares que visitamos, el horario de visita se amplía hasta las 8.

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El Santuario de Zeus

Merecen la pena, como la mayoría de Grecia. Pero sin duda, uno no puede irse de allí sin probar el vino.

Comimos de vuelta al punto base. En la taberna Aviolo, en pleno centro. Súper recomendable. Nos encantó. Sitio tradicional, bueno, bonito y barato.

Naufplio, además de buena comida, tiene rincones que merecen la pena. Iglesias muy bonitas escondidas entre las callejuelas estrechas, Acronaufplio, las ruinas que coronan la ciudad (donde lo mejor son las vistas) o el puerto. También cuenta con unas piscinas naturales, que en verano deben ser una pasada.

Día 4

Costa este de la Argólida: playa Metamorfosis, Devil’s Bridge, Galatas, isla de Poros, Ermione y Porto Heli

Coged el coche y disfrutad de la Argólida. Sin más. Nosotros bajamos por la costa este y fuimos parando cada vez que algo nos llamaba la atención. ¡Sin duda fue el mejor día! Además, nos hizo un solazo espléndido.

Junto a Psifta hay una pequeña laguna salada. Se ven zonas de cañaveral, algunos eucaliptos y pinos. Muchos pinos. Nos desviamos siguiendo un cartel que dice ‘Metamorfosis’ y lleva un dibujito de una playa. ¡Qué maravilla! Es de cantos rodados y piedrecillas. Un remanso de paz.

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Playa Metamorfosis

A la izquierda, mirando al mar, tenemos la península del Peloponeso con sus molinos y sus casitas junto a la costa. A la derecha, una pequeña península montañosa impresiona por su altura junto al mar. Es consecuencia de las erupciones del volcán Metana, la última en 1.700. La montaña Helona, la más alta de la península tiene 740 metros.

Estábamos en octubre y el mar estaba templado a pesar de las lluvias de los últimos días.

Poco después de la playa de Metamorfosis, otro indicador llamó nuestra atención: Devil’s Bridge. Es un pueblo pequeño, donde además hay un monasterio y una antigua torre. Recorremos la estrecha carretera, que se acaba convirtiendo en un camino de tierra y que nos lleva hasta la misma entrada de este puente natural de piedra.

Decidimos aventurarnos y bajar entre el bosque de árboles, guiándonos por el sonido del agua.  Un baño allí, solos, es una auténtica pasada. Eso sí, el agua está helada y muy recomendable llevar escarpines. Apenas estuvimos una hora, pero mereció muchísimo la pena. Es un sitio perfecto para llevar un picnic y pasar el día.

Después paramos en Galatas, el pueblo que hay frente a la isla de Poros. Los pequeños barquitos azules y blancos cruzan los 200 metros de agua que hay entre la isla y el continente por 1 euro el trayecto. Las vistas son preciosas.

La isla de Poros es para perderse callejeando. Son calles empinadas, casas blancas y azules. Muy de postal. Nos comimos el picnic que habíamos preparado en lo más alto, donde hay un mirador y ondea la bandera griega. Después bajamos tranquilamente a la zona del puerto donde nos tomamos un frappé en uno de las cafeterías.

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Cuando uno llega a la punta del pulgar del Peloponeso se encuentra con varias playas solitarias. Paramos en una cala desde donde a lo lejos se ve la isla de Hydra y nos dimos un baño.

Acabamos la jornada en Eminoni. Desde allí, si os interesa, se puede coger barco a Hydra. Nosotros decidimos bajar hasta Porto Heli con la intención de ver la puesta de sol, pero nos pilló el tiempo. Aún así fue una jornada maravillosa.

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