Ibiza desde mi balcón

Viajar es también dejar volar la imaginación. Volver a los recuerdos. Dejar que esas imágenes, grabadas en tu mente en algún momento y en algún lugar, te hagan revivir sentimientos y sensaciones.

Desde mi balcón, sentada mirando al infinito, hoy he vuelto a pasear por Ibiza.

¡Sigue leyendo!

 

Primero he andado por Dalt Vila. Isaac y yo hemos hecho de guías a mis padres. Desde La Marina, justo antes de subir la cuesta empedrada del Portal de ses Taules hemos observado las vistas a la catedral y el casco histórico. ¡Me encanta esta postal!

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Luego hemos empezado a subir tranquilamente, sin prisa. Perdiéndonos por las callejuelas empinadas. Nos hemos hecho un montón de fotos. Cada vez que paseo por Dalt Vila descubro rincones nuevos a cuál más bonito.

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Hemos llegado hasta lo más alto, parando en cada mirador y disfrutando del paisaje. Estaba tan despejado que a lo lejos se podía ver Formentera. Desde el baluarte de Santa Llúcia hemos buscado nuestra casa. Desde esa altura no se ve el Mercat Vell, pero sí se intuye la plaza. Los árboles tapan nuestro balcón.

Luego he estado de paseo por Vara de Rey y me he sentado a tomar un vermut con Sara en la plaza del Parque. ¡Qué buen ambiente hay siempre! Nosotras nos hemos sentado en la terracita del Casa Lucas, para no variar. Aunque la banda que tocaba en plena calle hacía que todos los bares estuvieran bastante llenos. Sonaba swing y una vez ambientadas hemos acabado bailando. También estaban Isaac, por supuesto, Juanpe, que no se pierde una, y Laura Riera.

Un día tan bueno no podía dejar de ir a uno de mis lugares preferidos. Lo he hecho con Noe. Hemos cogido la moto y rumbo a Talamanca. Se está tan bien con una cervecita al sol en el Flotante. ¡Ay! Por mí, aquí paraba el tiempo. Conversaciones tratando de arreglar el mundo y muchas risas. Que sonreír es gratis y a nosotras nos gusta regalar buenrollismo. También fotos. Of course. ¡Qué dura es la vida de las instagramers!

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A la playa me he ido con mi hermana Sandra. Es raro encontrar las calas de la isla tan vacías. ¡Qué suerte! Hemos podido respirar la calma y sentir esa energía que transmite Ibiza. Pilas cargadas. El agua estaba cristalina y hemos podido pillar un embarcadero de madera para poner las toallas. ¡Qué más se puede pedir! También he estado jugando a las palas y buceando un rato con Toñi en Cala Comte y he vuelto con María a las playitas que hay más allá de ses Salines. El paseo se ha hecho duro con el sol en lo alto, pero eso ha hecho que el baño en el agua casi helada al llegar sentara de lujo. No ha faltado el paseo en bici con Carlota hasta Figueretes y un ratito de lectura bajo la sombrilla. Cómo me gusta la sensación de la brisa calentita secándome la piel y la sal en el cuerpo. Me hace gracia cómo se queda enganchada en los pelillos de los brazos. Puedo hacerme dibujos.

Después de comer casa de los suegros una paella riquísima y una greixonera hecha por la Pepita, Isaac y yo hemos visitado a nuestra ahijada y hemos aprovechado para pegarnos unos cantes en la terraza de Andrés e Inma. Lo que nos gusta un micro y un karaoke.

La tarde la he compartido con Pilar. ¡Cuánto tiempo sin vernos! Me ha dado un abrazo que casi me rompe los huesos. Nos hemos ido a un bar cualquiera, a beber vino de los que la copa no cuesta más de tres euros pero que saben a gloria con una buena conversación y muchos proyectos en mente.

No quería perderme la puesta de sol y le he dicho a Isaac de ir a Benirrás. Hacía siglos que no íbamos. De repente estábamos rodeados de gente, aunque cada uno estaba en su mundo. Había quien tocaba el tambor mientras el sol se iba escondiendo, quien meditaba, quien aprovechaba para hacer fotos o quien simplemente miraba y se maravillaba con el espectáculo de naranjas que se iba formando en el horizonte.

La cena la he compartido con mucha gente buena. Amigos y compis del Periódico. Porque siempre nos quedarán los bares.

Y hemos acabado por ahí de fiesta. Todos. Brindando por más ratos juntos. Porque la vida son esos momentos, esos viajes, esos paseos y sobre todo, esa gente con quien la compartes. Ibiza, para mí, es todo esto (y mucho más, pero aunque estire el tiempo un día no da para tanto).

Desde mi balcón, mirando al infinito, estoy con cada uno de vosotros y vosotros estáis aquí conmigo.

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